miércoles, 29 de abril de 2009

La vía del tren

estática y sin dirección desconoce sus límites

la perfección no reside en sus caricias
lo preciso es la manera en que mi cuerpo urge ser tocado
en el punto exacto en que soy rozada por sus dedos

una vez atravesada la frontera
me sé regresando del desierto

sus dedos sobre mi piel delimitaron la aridez y ahora
extraño asomarme a los acantilados
recuerdo anticipar con el deseo de mi piel el recorrido de sus uñas
y que el mordisco rastreaba
el hambre que mi cuello
sentía de sus dientes

donde más se sufre es, siempre,
casi llegando a la cordura
en las proximidades del encuentro


este poema aparece, en versión revisada, en la antología Blanco nuclear (Sial)

3 comentarios:

David dijo...

Rebeca.
Pasé cuatro años enamorado de tí y ahora estoy enamorado de como escribes.
La calle argumosa no es lo mismo sin tí.

Rebeca dijo...

Acabo de descubrir tu comentario con un poco de retraso ¿David? ¿Cómo que David si son 4 los años y Argumosa la calle?

David dijo...

Me alegro que vuelvas a actualizar el blog.
Mucha suerte en la presentación del libro.