sábado, 1 de mayo de 2010

El acto de escuchar

Sólo una pared separa
el grito del oído; una pared
fina, sucia, helada. A veces parece
que el grito sólo existe en el oído
y que nada lo produce más allá de la oreja y las manchas
de humedad. Atraviesa
ladrillos desde el centro del cerebro hasta llegar
al exterior, a este lado
de la pared, donde el grito no ocurre;
donde sólo acontece el oído. Ruidos, gritos, golpes, jauría.
Serpientes. Látigo sólo
de paredes adentro, al otro lado
del oído, junto a la palabra. La madeja.
El tapiz del recuerdo se remonta al gusano
(de seda).
El hilo, el uso y la durmiente
preciosidad.
Palabras encierran, delimitan; las palabras
(unívocas) desbifurcan
la realidad, el hoy. Todo ya ha ocurrido antes del sueño.
Los tabiques no tienen
que inventar. Definen. Digieren. Enfrentan. Revientan
los tímpanos, la pared,
ocurre entre las cejas.
Balas, recuerdos, alaridos, el roce
de la yema de los dedos
en la pared,
en el oído,
en el recuerdo,

quema.


Del libro Suponiendo la cicatriz como posibilidad de la herida
(Amargord 2010)

2 comentarios:

msmunuera dijo...

Estupendo, Rebeca. Estoy leyendo poemarios de autores españoles actuales y te juro que, en todos los casos, pienso que tus poemas les aventajan en mucho. Este acto de escuchar -o grito-, por ejemplo, es de lo mejor que he leído.

Rebeca Álvarez Casal del Rey dijo...

Muchas gracias por tu comentario (creo que no voy a caber por la puerta después de leerlo).
Es emocionante recibir comentarios del blog en el mail.