lunes, 30 de mayo de 2011

De Anne Carson

VIII. NO ERA MÁS QUE LA ROPA DE CAMA CHASQUEANDO EN EL TENDEDERO CUANDO MAMÁ DIJO QUÉ RUIDO ES ESE

Los poetas (seamos generosos) prefieren ocultar la verdad bajo capas de ironía
porque la verdad es así: estratificada y elusiva.
¿Era él poeta? Sí y no.

Sus cartas, convengamos, eran muy poéticas. Cayeron sobre mi vida
como polen y la mancharon. Se las oculté a mi madre
pero ella siempre supo.

Amante, misteriosa
escribes pero
no vienes a mí. Esta no la leyó mi madre.

Los sabios comparan la Torá con el sexo angosto de la gacela
para cuyo esposo cada vez
es la primera vez. Esta no la leyó mi madre.

En este caso él tiene que excitarla.
En este caso él no tiene que excitarla.
No hay ningún inconveniente [véase ilustración]. Esta, ay, la leyó mi madre.

Si es verdad que estamos asistiendo a la agonía de la dialéctica sexual en nuestra época
entonces este hombre era una de «esas máquinas originales»
que dotan a los artificios libidinales de una nueva transparencia.

Mi madre se oponía a él como la producción a la seducción.
Cuando me negué a cambiar de colegio miró a mi padre.
Antes de un año nos habíamos mudado a otra ciudad
y la distancia claro no cambió nada, hasta por carta era espléndido.
La discreción un hábito temprano, «el chantaje de lo íntimo» una ley molecular.
Veamos.

La represión dice más del sexo que cualquier otra forma de discurso
o eso dicen los expertos de hoy. ¿Cómo consigue alguien
tener poder sobre otro? Es una pregunta algebraica
solías decir. «El deseo al cuadrado es amor y el amor al cuadrado es locura.»
La locura al cuadrado es matrimonio
añadí
cuando la causticidad era espontánea, cuando no pretendía erigirse
en regla de oro.

 De La belleza del marido, un ensayo narrativo en 29 tangos
Anne Carson
Lumen