viernes, 20 de mayo de 2011

Nunca de sus ojos, de Helena Rodríguez

nunca-de-sus-ojos

 ¿Quién si yo gritara me oiría desde las jerarquías de los ángeles?     
RILKE     
                                                                                
Un ángel de alas grandes poderoso
te oyó un día reír tu risa rubia
y fue la seriedad de su saeta
lo que le conmovió.
Tocaste los senderos de sus alas
la cifra y el susurro que no tiene regreso.
Y del cristal copiaste tu estrategia.

Un ángel de alas grandes
quizás el más mortífero
que está siempre errabundo por las fuentes
te prometió un atajo
quizás que flotarías
con todas las edades en el ámbar.

¿Estás segura? Nunca. Me acuerdo de sus ojos.
Y se coló en tus manos a esperar.

No se cansó ni un día de decirte
qué pálidos se hicieron nuestros nudos.
No se cansó ni un día de contarte
lo hermoso que sería llegar al horizonte.

¿Estás segura? Nunca-me-acuerdo-de-sus-ojos.
Y se coló en tus piernas a esperar.

Si entras en mi sangre- le dijiste-
al bosque llévame de los abrazos
sin llama ni sospecha en el vaivén.
Allá de donde soy
en donde he sido siempre llévame.
Y te mostró el acceso.

¿Estás segura? Nunca- de- sus- ojos.
Tus piernas con tus manos eran alas.

Y demasiado pronto
y ahora- nunca- es tarde- decidiste
que ser era volar hacia la luz. 
Y nadie-nadie-nadie y nunca-de-sus-ojos
los árboles las bestias y los hombres
pudieron retenerte en sus costumbres.
  
Por qué no se hizo vino la uva añeja
por qué fue tan sereno el estallido.
Apenas entendemos a la almena
que no visita el viento y se derrumba
qué alcanza quien se oculta en sus raíces.

De Helena Rodríguez
Nunca-de-sus-ojos  y otras semillas
Amargord Ediciones

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