miércoles, 3 de agosto de 2011

De Ted Hughes













LA NOVIA Y EL NOVIO YACEN OCULTOS TRES DÍAS


Ella le da unos ojos que ha encontrado
Entre algunos escombros, entre algunos escarabajos

Él le da una piel nueva
Como si acabase de arrancársela al aire para recubrirla mientras

Ella solloza de miedo y de asombro

Ella ha encontrado unas manos para él y se las ha encajado en las muñecas
Y las manos flamantes, pasmadas de sí mismas, se apresuran a sentirla, se lanzan a recorrerla

Él le ha ensamblado una espina dorsal, limpiando cada vértebra cuidadosamente
Y colocado en perfecto orden
Es un puzle sobrehumano, pero el hombre está inspirado
Ella se recuesta revolcándose de un lado al otro, girando el espinazo, riéndose incrédula

Luego, ella le trae unos pies, se los conecta de tal modo
Que todo el cuerpo de él se ilumina de pronto

Él le ha creado unas caderas nuevas que le sientan de maravilla
Con todos sus accesorios y todos sus recodos perfectamente hechos,
Brillantemente engrasados,
Puliendo pieza a pieza, incluso a él le cuesta creerlo

Los dos prosiguen sacándose el uno al otro a la luz, comprueban que les resulta muy fácil
Probar cada nueva cosa a cada nuevo paso

Y ahora ella le pule, le asienta unas placas craneales
Tan bien que las junturas no se perciben
Y ahora él le une la garganta, los pechos y la boca del estómago
Con un simple alambre

Ella le pone unos dientes, atando las raíces al eje central de su cuerpo

Él le graba unos círculos en las yemas de los dedos

Ella le cose el cuerpo aquí y allí con un hilo de seda color púrpura metálico

Él le lubrica los delicados engranajes de la boca

Ella le incrusta la nuca con unos pergaminos bien cortados

Él le inserta en su sitio la parte interior de los muslos

Y así, jadeando de dicha, gritando de júbilo, maravillados
Como dos dioses de barro
Revolcándose en el suelo, pero con infinito cuidado,

Los dos se llevaron uno al otro a la perfección.


Ted Hughes
El azor en el páramo
Bartleby Editores
Traducción de Xoán Abeleira