lunes, 22 de agosto de 2011

Dos poemas de "Años abisinios seguido de canciones yemeníes", de Eva Chinchilla (Amargord, 2011)

siete kilos de naranjas brillando al sol. Cada sábado, a su puerta

el poema es un frutero. En tercera persona cuando se aleja de ti y
de mí

la mujer transformada por el iglú no piensa ya en dónde guardar,
sus enseres los lleva todos dentro y los va sacando, imaginanado
aquí o allí según necesita esto o lo otro

los muebles son los movimientos, los de sacar, los de recordar, los
de imaginar. Gracias a esta desposesión moverse es bailar, los iglús
no se amueblan todo es danza dentro de un iglú

antes escribía poemas pero ahora prefiere colocar la naranja en un
punto del círculo o mejor, hace colocar la naranja bajo la bóveda
aquí, allí, piensa

ya dejó de preguntarse qué es el poema y ahora a veces se
pregunta qué es la naranja

el iglú es el marco del cuadro es la sala de exposición, es donde se
instala lo poético. El iglú es la elección del frío creador es el refugio
donde la creatividad se conserva intacta, la mujer sí envejece
dentro del iglú, pero no lo demás, lo demás no


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lo mirado cavó en los ojos

y el vaho que mana cuando quieres decri sin decir la sensación de 
estar viva

cavó

cavó en mis ojos


(canta)



qué cálida eres, pero qué hermosa y cálida eres

y más adelante          :qué calida eres, pero qué hermosa y
pálida eres cuando te atreves a la soledad

y un poco después o casi nunca           : qué cálida eres, pero qué
hermosa y cálida eres cuando te atreves a la soledad del otro


Canta