jueves, 19 de enero de 2012

Las secuelas del incesto anidan en el subconsciente durante los meses de calor

El interruptor de la lámpara, compañía
de cama. Silencio.
Algo bulle a lo lejos en el fondo del sueño.

La superficie
del agua
parece una capa sólida
que pudiera levantarse con las manos. Trepanación.
Su oscuridad
podría esconder
algo.

Una existencia inmóvil
aguarda. Seres
prediluvianos y dentados.
Sólo saber
que están ahí, que existen,
hace despertar.
El sudor, el pánico, el grito. La luz.
Siempre la luz
y su eterno idilio con la mano.

Demasiados
documentales. El sexo
supone conversación y tiempo
cuando se practica en compañía.      

¡Tantos rodeos!
Si existieran caminos más cortos...
Si realmente (como rezan los tópicos)
el hombre fuese el macho fecundador
que va directo al grano
y se repliega tras la cópula.
Y no insomnia a tu lado.

Si no tuviéramos cuerpo, si la estivación
del cocodrilo no supusiera una amenaza.
Si las manos
no fueran un atajo hacia la luz.
Si fuésemos sombras. Si sólo almas. Si Platón.



De Suponiendo la cicatriz como posibilidad de la herida
(2ªedición) 
Amargord, 2010

4 comentarios:

UMBRIEL dijo...

No tengo palabras! qué magnifico poema. Como el "Cuervo" lo tengo que leer y leer más veces para disfrutarlo, porque el desasosiego que crea una obra así se puede disfrutar. Eso es la poesía. Gracias por compartirlo.
Umbriel (www.nesoynereida.com)

Rebeca Álvarez Casal del Rey dijo...

Qué ilusión que lo compares con Cuervo, son el primer y último poema del libro y me gusta saber que producen la misma sensación.
Muchas gracias por tu comentario!

Antonio Díez dijo...

por qué no puedo ver las actualizaciones de tu blog? lo tengo enlazado pero no me avisa cuando añades cosas nuevas...

Rebeca Álvarez Casal del Rey dijo...

no lo sé, antonio, hace tiempo que intento averiguarlo pero nadie me sabe decir por qué pasa :(