martes, 15 de noviembre de 2011

De Almudena Guzmán


Presos los dos de aquel imposible decoro adolescente,
ni yo me sonrojé ni usted tampoco hizo nada por llamarse al orden
cuando después de las risas y las aceitunas rellenas,
habiéndonos lubricado previamente el oído
con una minuciosa lista de vicios sexuales,
fuimos al amor como quien va al estanco de los primeros
cigarrillos.

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Reconozco que no somos muy originales,
nuestra historia es la de medio Madrid
y como todos, andamos buscando una clarita
entre la oficina y el estudio
para citarnos donde no nos conozca nadie.

¿Pasa algo?

Ah.
Porque a estas alturas y con un enamoramiento de rizos
y piernas por medio,
no seré yo desde luego la imbécil que pierda su tiempo
en agradar a los poetas.



 
Almudena Guzmán
Usted
Poesía Hiperión


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