domingo, 11 de noviembre de 2012

Brindis




La besó más de mil veces de un tirón y ella le obedeció en todo lo que le podía producir deleite o proporcionarle placer.

(La comadre de Chaucer)


Mi juguetito rosa es un muñón,
no podría entregarse
aunque quisiera. No puede amar
(y no solo de ser de plástico
viene su incompletud).

Pero tú estás vivo. Me ofreces
tus órganos, los que palpitan. Todos.
Nunca ofreces solo un trozo-península de ti.
  
Déjame acariciar la víscera que mueve tu sangre,
vulnerable eres tan hermoso que casi da vértigo.
Ofréceme
corazón y sexo a un tiempo. Dame
a beber tu sangre más blanca.
Entrégate
sin rendirte. Mis dos muñecas
caben en tu mano;
esposada a tu cuerpo me excitan
tu fuerza y tu estatura.

Ofrécete, ven. Entra.
Labios-dientes-paladar-garganta.
En el papel yo doy las órdenes,
pero tuyo es el cetro en este tálamo
(y nuestros goces son tan complementarios
que colman todas las copas de mi cuerpo). 



Este poema lo escribí expresamente para Erosionados
antología de poesía erótica llevada a cabo por Adriana Bañares 
en la editorial Origami