jueves, 14 de noviembre de 2013

De Mercedes Cebrián

Se dobla a diario el codo
y no nos inmutamos ante su condición
de gozne que vincula brazo
con antebrazo. Lo mismo la rodilla: articula
y facilita el vínculo pero sólo
hacia un lado; suele pasarle al vínculo,
alguien se queda siempre
                               fuera
de él, como si se tratase de un sorteo, como si
hablásemos en presencia de un plato
de menos aceitunas que personas.
No se establece el vínculo a través
de alaridos, ése sería el vínculo de los
sordomudos; en cambio el de la sangre
es más bien silencioso: ofrece alojamiento, mi colchón
y los vuestros sin ánimo de lucro. Si tenéis frío
esta noche, no dejéis de arropaos
con vuestra propia desoxirribosa.
Así es como se cumple lo genético: cuando estalle
la guerra haré un hueco en mi armario
para vosotros y para vuestra ropa
incomprensible. No tendréis que ir a un pozo
a buscar agua, habrá electricidad: mi luz
era ya
          vuestra
antes de que surgieran el reuma
y su especialidad, la reumatología. No se han gastado
aún
las articulaciones: crujen, duelen, se traban.
Así es como padecen su carácter
de vínculo.

 Mercedes Cebrián
Mercado común
Editorial Caballo de Troya


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